La triste mitología de nuestro tiempo habla de la subconsciencia, o lo que es aún menos hermoso, de lo subconsciente; los griegos invocaban la musa, los hebreos el espíritu santo; el sentido es el mismo. Yo, personalmente, que soy tozudo en mis evocaciones, acudo a lo único que tengo, a mis tristes pretéritos, que de alguna manera siempre están entrelazados por un conexo superior a mi mente con el porvenir.